El deseo de abaratar el transporte del azúcar cubano
decidió la construcción del primer ferrocarril español: la línea la Habana-Bejucal, inaugurada en el año 1837.
Tres años antes se había fundado en la Habana una
compañía ferroviaria bajo la inspiración del intendente Martínez de Pinillos.
Regía la isla el capitán general Miguel Tacón, muy interesado en aumentar los
ingresos de los hacendados locales.
Desde el primer momento en control de los ferrocarriles
estuvo en manos de los grandes plantadores y de sus agentes: Los Diago, Alfonso,
Drake, Aldama... Se obtuvo de la firma Alexander Robertson & Co. de Londres
un préstamo de 2.000.000 de pesos, que debería ser amortizado con un impuesto especial
sobre las importaciones y las exportaciones.
Un millar de irlandeses, algunos canarios,
numerosos convictos españoles y una multitud de emancipados y esclavos, bajo la
dirección del ingeniero norteamericano Alfred Kruger, emprendieron la
construcción de la primera línea férrea de la América Latina.
En 1837 se inauguraba el tramo hasta Bejucal. Un
año después, la línea alcanzaba los cien kilómetros de longitud.
En 1842 se inicia el segundo ferrocarril cubano: de
la Habana a Júcaro. En 1860 existían en Cuba más de 700 kilómetros de vías férreas,
propiedad de quince compañías, de las cuales la más importante era la Compañía
Ferroviaria de la Habana.
El coste por kilómetro era de uno 15.000 pesos. El
de la mano de obra no es conocido; pero, se sabe que al terminar el contrato los
irlandeses se vieron reducidos a la mendicidad.
En cuanto al material utilizado, la mayor parte
llegaba de Inglaterra, pero el equipo era tratado con tanto descuido que la
maquinaria inglesa llegó a tener mala reputación- en parte, debido a sabotajes-
y fue sustituida por material norteamericano.
La construcción de los ferrocarriles cubanos
alcanzó plenamente su objetivo: el abaratamiento del transporte de azúcar.
En 1830 el porteo de una caja de azúcar desde
Güines a la Habana, por medio de mulas o de bueyes, costaba unos doce pesos. En
1863, por ferrocarril ¡un peso!
El beneficio de los plantadores alcanzó en pocos
años cifras fabulosas puesto que no se alteró sensiblemente el precio del azúcar.
La segunda ciudad que contó con ferrocarril fue Cárdenas
que abrió su primera línea en 1842 hasta Jovellanos.
La competencia desmedida, así como lo irracional de
los diseños de las líneas, unido a la crisis económica, provocó que, a partir
del 1906 se fuera produciendo un movimiento paulatino de absorciones y fusiones
entre las diversas compañías.
El monopolio, con capital inglés, que se implantó
en la Isla hizo que, en el año 1953, el presidente Batista procediera a la
nacionalización, debido a sus dificultades económicas, creando la compañía mixta
Ferrocarriles Occidentales de Cuba.
La Revolución cubana, supuso la nacionalización de
todas las líneas ferroviarias; agravándose su situación con la entrada en vigor
del bloqueo estadounidense, lo que dificultó la llegada de repuestos y
materiales.
El proyecto más ambicioso de la Revolución fue la
construcción de la línea férrea entre la Habana y Santiago de Cuba. Las obras
se iniciaron en 1974, siendo concluidas, en lo esencial, diez años después
contando con un total de casi 1.300 kilómetros de vías.
La desintegración de la URSS en 1991, su principal proveedor,
supuso un duro golpe para la economía cubana, siendo el ferrocarril uno de los
sectores más afectados llevando a la desaparición de una buena parte de las líneas
hasta entonces en uso, agravado por la desaparición de las centrales azucareras
que, en buena medida, eran las encargas de su mantenimiento.


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